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La hipertensión arterial afecta a nuestros ojos
Octubre 2018

La presión arterial es la fuerza con la que la sangre recorre las arterias para transportar oxígeno y nutrientes a la células del cuerpo.
El corazón bombea sangre hacia las arterias creando presión (Presión Sistólica) y entre cada bombeo hay un reposo y liberación de presión (Presión Diastólica).

Se habla de hipertensión arterial (HTA) cuando la presión sistólica es igual o superior a 140 mmHg (milímetros de mercurio), cuando la presión diastólica es igual o superior a 90 mmHg o cuando ambas presiones son elevadas.

La HTA es una enfermedad que actúa silenciosamente y no da síntomas durante largos periodos, por lo que sin una detección a tiempo y su correspondiente tratamiento, puede provocar graves consecuencias, como un infartos, accidentes cerebrovasculares o incluso daños en otros órganos importantes, como el riñón y/o los ojos.

Cuando esta elevación de la presión arterial produce alteraciones en los vasos sanguíneos de la retina, hablamos de la retinopatía hipertensiva.
En este padecimiento, las arterias encargadas de llevar sangre a la retina se ven obligadas a soportar una presión alta de manera constante.

Como consecuencia de ello, estas arterias se vuelven más gruesas, haciendo más difícil el paso de la sangre.
También pueden contraerse y al estrecharse, el flujo de sangre se torna lento o se bloquea, provocando la falta del riego sanguíneo en algunas zonas de la retina.
Esto aumenta la permeabilidad de las arterias, lo que facilita la salida de líquido y sustancias procedentes de estos vasos que se acumula en la retina provocando edema de retina (inflamación).

Todos estos daños pueden provocar hemorragias.

Cuando estas anomalías afectan a la coroides, la capa llena de vasos sanguíneos que nutre y rodea a la retina, estamos ante una coroidopatía hipertensiva y si se trata del nervio óptico, se denomina neuropatía óptica hipertensiva.

Los factores de riesgo de la retinopatía hipertensiva pueden ser:

- Diabetes
- Descontrol de la tensión arterial
- Preeclampsia (complicación del embarazo caracterizado por hipertensión arterial y presencia de proteínas en la orina)
- Eclampsia (cuando la preeclampsia es grave puede desencadenar en eclampsia, en la que aparecen convulsiones o incluso un estado de coma durante el embarazo)
- Sedentarismo
- Niveles altos de colesterol en sangre
- Tabaquismo
- Edad superior a 50 años
- Exceso de sal en alimentos
- Obesidad

Como la mayoría de los casos la retinopatía hipertensiva no ocasiona síntomas, la mejor manera de diagnosticarla es mediante el examen del fondo de ojo utilizando un oftalmoscopio, que proporciona una visión directa de la retina y sus vasos sanguíneos.

Para valorar su gravedad, se puede recurrir a la angiografía con fluoresceína, que es una técnica que, tras inyectar un contraste y con una cámara especial, permite tomar fotografías del fondo de ojo y registrar las imágenes, sobre todo cuando existen patologías asociadas a la circulación sanguínea de la retina como pueden ser la retinopatía diabética, la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), la oclusión u obstrucción de vasos retinianos con la correspondiente isquemia o falta de aporte sanguíneo o la existencia de posibles inflamaciones o incluso tumores.

Grados de lesión en la retina determinados según la clasificación de Keith-Wagener-Barker.

Grado I no suelen presentarse síntomas por lo que es muy difícil de diagnosticar.
Grados II y III se observa una inflamación de la retina y filtraciones de sangre en los vasos sanguíneos.
Grado IV ya hay inflamación del nervio óptico y de la parte central de la retina, que es la mácula, con consecuencias más graves y una significativa disminución de la visión.

Cuando la hipertensión es severa, los pacientes pueden notar visión borrosa, disminución de la agudeza visual y en los casos más graves, pérdida de visión.
También existe la retinopatía hipertensiva aguda, conocida como maligna o acelerada. Aparece súbitamente y se caracteriza por una presión arterial altísima. En este caso, el paciente experimenta visión borrosa y fuertes dolores de cabeza.
Puede generar consecuencias severas como hemorragias, presencia de exudados y edema o inflamación en el tramo inicial del nervio óptico.

Tratamiento

No podemos hablar de un tratamiento específico para la retinopatía hipertensiva, sino que las actuaciones irán encaminadas al control de la presión arterial.
Cabe recordar los principales hábitos de vidas saludable, como seguir una dieta sana y equilibrada, rica en frutas y verduras, reducir el consumo de sal y grasas saturadas, evitar el tabaco y alcohol, no estar en situaciones de estrés, controlar la diabetes y practicar ejercicio físico moderadamente.

Dadas las graves secuelas que puede ocasionar la retinopatía hipertensiva en una fase avanzada, no debemos olvidar que lo fundamental es la prevención y la revisión periódica con el oftalmólogo especialista.

Para mayor información, pueden contactarnos en los teléfonos 5250-0770 y 5545-5254 o a los correos electrónicos eyecoreyes@gmail.com y eyecoescalante@gmail.com